Erase una vez un perrito llamado Blaky.
Tenía el pelo largo de color negro y brillante con una gran mancha blanca en su cuello, era un precioso "Pastor belga".
Era juguetón, alegre, siempre estaba jugando con su dueño... iban juntos a pasear, con una sola mirada se comprendían, en casa Blaky siempre dormía a los píes de su dueño. ¡Vivían felices!.
Cuando su dueño lo dejaba en casa para ir al trabajo Blaky se quedaba triste, le esperaba impaciente.
Cuando su dueño volvía Blaky saltaba y saltaba de alegría. Como siempre fueron a pasear un ratito juntos , Blaky jugaba, saltaba no perdía de vista a su dueño ni un solo momento, siempre estaba pendiente de sus órdenes de su cariño.
En unos de esos paseos había muchos árboles cortados, las ramas esparcidas por el suelo, Blaky no se dio cuenta y cayó sobre ellas con tan mala fortuna que se rompió una patita.
Blaky se quedo muy triste, a pesar del dolor el perrito solo pensaba:
"Ahora no podre correr, ni saltar y mi dueño estará triste, será difícil caminar y jugar con él"
Su dueño lo llevo al veterinario, pero las noticias que le dio no eran buenas, se había roto la patita y no podía arreglársela muy bien., lo único que se podía hacer era ponerle unas tablillas de madera para que así le fuese menos costoso caminar.
Su dueño que lo quería mucho pensó: " El caminar así le producirá cansancio...".¡Yo le ayudaré !
Blaky aún con dificultad paseaba, caminaba, se sentía medianamente feliz.
Al principio le costo adaptarse a su patita de madera pero se sentía bien, volvió a jugar como siempre.
Pasado un tiempo, Blaky enfermó y murió.
Como Blaky había sido muy bueno se fue al cielo de algodón de los perritos.
El cielo era , muy, muy suave, muy bonito.
Blaky decía: " Si me muevo y camino estropearé el cielo con mi patita de madera" se quedó muy quieto.
Su dueño lo encontraba a faltar, estaba triste, cuando llegaba a casa no estaba Blaky para recibirlo, jugar y pasear.
Una noche su dueño miró al cielo, empezó a silbar y a llamarle: Blaky, Blaky.
Blaky oía su voz pero tenía miedo de estropear el cielo de algodón.
Su dueño volvió a silbar y a llamarle una y otra vez.
El perrito quería que él supiera que estaba bien, que era feliz en el cielo de algodón era tanta la alegría al oír su voz que empezó a saltar y correr de un lado a otro y;
¿ Sabéis que pasó ...?
Que con su patita de madera fue haciendo agujeros en el cielo de algodón y formó "Las Estrellas".
Antes el cielo era oscuro pero el perrito de la pata de madera había hecho que las estrellas se convirtieran en ventanitas y desde allí se ven se miran en esas noches tan bonitas , tan brillantes y tan claras cuando el cielo se llena de miles y miles de estrellas.
Su dueño cuando siente añoranza porque Blaky no está con él, mira al cielo de algodón y sabe que desde cualquier estrella convertida en ventanita se ven.
Y así los dos son felices.
FINNNNNNNN.
-Se lo dedico a mi querida Patty, que le han hecho un precioso regalo.
Un cachorro de raza Beagle.
Es una excelente compañía, tiene un aspecto tierno, tranquilo...es muy guapa Lola, que así se llama.
¡ Enhorabuena!
.(Escribí esta entrada el 30-Mayo-2008, recordando a nuestro travieso y divertido Blaky.)
María Luisa.
